El duelo en aislamiento

GPyF Luto

La entrada en nuestras casas, sin avisar, de un virus cuya única carta de presentación ha sido su poderosa capacidad de invadir y agredir, hasta ser letal, nos ha exigido tomar, aceptar y cumplir medidas excepcionales para proteger y protegernos.

Esta urgencia de protección ha alterado, en un lapso breve de tiempo, no solo la forma de estar en nuestra vida social, familiar, laboral…también ha cambiado nuestra forma humanizada de cuidar en la enfermedad y acompañar en la muerte a las personas que queremos.

Nuestra capacidad creativa para adaptarnos a situaciones adversas es un valioso antídoto para proteger nuestra vulnerabilidad descubierta, para sostener nuestro miedo, preocupación, angustia, ansiedad, frustración, enfado, impotencia, tristeza…

En el confinamiento, hemos de ser capaces de planificar y hacer en el espacio de nuestra casa todo nuestro estar en el mundo. Pero ¿Cómo llevar a este espacio toda la dimensión del vínculo de la despedida ante la muerte no esperada? En este espacio, la persona que quiero no está presente para coger su mano, mirar sus ojos, besar sus labios, su cara, abrazar su cuerpo, decir lo ya expresado o lo nunca dicho. ¿Cómo llevar a este espacio la dimensión social de la despedida? El velatorio, la ceremonia o ritual que valida el dolor y el sentimiento de pérdida.

Nuestra capacidad de adaptación a situaciones adversas no deja de sorprendernos, lo cual no significa que para ello haya que “inmunizarse” a la terrible realidad de miles de muertes y “silenciar” miles de vivencias de perdida.

Estar en aislamiento para protegernos no significa “congelar” el sentimiento de dolor por la muerte de la persona querida; no significa “confinar” la expresión de la tristeza, rabia, desolación hasta “normalizar” nuestra vida; ni tampoco significa “relegar” la validación de este dolor. Es preciso encontrar otras formas amorosas para dar muestras de apoyo, afecto y solidaridad, ya sea porque nos toca de cerca o porque nos toca como colectivo.

Hacer todo lo posible para que la vivencia del duelo sea “natural” está en nuestra capacidad de acompañar y acompañarnos, capacidad que nos protege de la enfermedad del alma.

Todo nuestro respeto, cariño, comprensión y solidaridad a las personas que han perdido un familiar y/o una amistad.

El equipo de GPyF
16 abril 2020